martes, 16 de enero de 2018
Bisagra imaginaria
Regresaba en vuelo hacia Santiago, luego de una larga escala en Miami desde Parìs. El cansancio comenzaba a abatirse sobre mi cuerpo. Tantas horas de trayecto me derrotaban poco a poco, y el tiempo transcurría con lentitud. Pero no todo parecìa tan malo, ya que la hilera de asientos contiguos al mìo estaba completamente vacìa. Pensè entonces que podrìa estirar un poco las piernas. Luego de unos minutos iniciado el ùltimo tramo de mi regreso, mi visiòn comenzaba a desvanecerse, y el ruido de los motores de la nave se alejaba lentamente. Todo ahora parecía màs calmo, se aproximaba el encuentro con los mìos, y yo sentìa que durante la espera podrìa dormir durante algunas horas. Y asì, en plena escena de trance hacia el sueño profundo apareciste tú, sí, tú, interrumpiendo mi descanso en aquel vuelo N°225 de American Airlines rumbo a Santiago. Sin mirarte, supe de inmediato que eras tú quien se estaba sentando a mi lado. Nuestros brazos comenzaron a rozarse, mientras tu aroma se encargaba cautelosamente de activar mis sentidos. Con las pupilas dilatadas y mi piel erizada, la boca de mi estòmago se hacìa eterna, magnìfica. Mi cuerpo se nutría, comenzaba a mutar por los estímulos obrados por tu sola presencia. Fingiendo compostura inclinè levemente mi rostro hacia tu pelo, en un acto sutil que buscaba finalmente mostrarte mi anhelo por tu actuar, por tu imprudente y tan deseada cercanìa. Y ahora era real, porque entonces sobre mi mejilla se deslizaron tus labios secos y suaves. Tu pòmulo derecho entraba en contacto con mi barba, en tanto que mis latidos hacían eco hasta en el último nervio del meñique del pié izquierdo. Te deseaba profundamente, podía aún en trance acariciar tus hombros, tomarte del cabello y susurrarte mis ganas de amarte en ese instante. Estabamos sólos, no importando quién nos estuviera rodeando. Yo por fín te conocía, por fín podía penetrarte con mis gestos, por fin podía disfrutar de tu sonrisa, de tu mirada capciosa, de ese afán indagatorio, de tí, bisagra. Por fín podía estar contigo, entregarte mis brazos y recibir los tuyos. Mantenía mi rostro en tu regazo y tus manos sobre mi cabello, cuando algo comenzó poco a poco a distraerme, y cada vez mas fuerte, era la voz de una azafata la que me había despertado, ofreciéndome comida, a mí, al único pasajero en esa hilera de asientos...completamente vacíos.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario