jueves, 10 de febrero de 2011
viernes, 4 de febrero de 2011
Los fotógrafos intermitentes.
La fotografía es el arte de capturar y plasmar una imagen, para los románticos en un medio material, para los pragmáticos en los discos duros y modernos artefactos, disponiéndose el proceso en cualquiera de estas dos tendencias antagónicas, pero con elementos comunes. El principal de ellos alude al arquitecto y ejecutor de este proceso: el fotógrafo. Luego de ver a cientos de ellos capturando imágenes de u incendio me hice preguntas apuntando a empatizar con ellos.
Pensé en que el fotógrafo se hace y existe sólo a partir de la intención de capturar y plasmar una imágen, y para definirlo prescindo del estricto sentido que le han de conferir al oficio los estéticamente profesionales o a los ases de la fotografía periodística, o esos que andan por la vida capturando bellísimas imágenes. El fotógrafo existe en cada cual, todos tenemos uno dentro y sale a la luz junto con nuestras intenciones de mantener y recordar un momento por siempre, en la conmoción que nos genera el vivir un instante inolvidable, y con ello la idea de no querer que acabe de manera fulminante. No es necesario tener una cámara para ser un fotógrafo, sólo basta el lente más moderno, me refiero a la pupila que dilata o contrae, que exclama sus emociones bañándose de lágrimas, el ojo humano es la cámara de mejor resolución, absolutamente automática, bellísima. En la intención de recordar y en la emoción por captar lo que sea es cuando se da a lugar la creación del fotógrafo, cuando surge desde lo más profundo esa sensación que nos invita a capturar el momento para retenerlo por el medio que sea, principalmente en nuestra mente.
Pero en un sentido material, y volviendo a los cientos de fotógrafos, usar la cámara representa un simple gesto que evidencia el nacimiento de nuestro fotógrafo y nostálgico preventivo que, con una certeza desbordante, asegura que extrañará el momento y que es concientemente vulnerable, asentando siempre que su mente es frágil y que olvidará más adelante lo que en ese instante parece ser inolvidable.
Y con ese gesto, con la cámara en el bolsillo, en el celular y ciento porciento disponible nos hacemos olvidadizos. Y así es como hoy, esta olvidadiza sociedad se construye contradictoriamente de fotógrafos que toman y dejan todo lo que se les presenta. Dejan, poco a poco, de existir esos románticos que guardan sus momentos en su mente, ¿para qué, si pueden recordarlo a través de un pc? El tejido de nuestra nostalgia se debilita, nos ponemos superficiales y comenzamos a botar y olvidar.
La triste realidad nos muestra que la fotografía real no existe ni ha existido en estas masas, que como máquinas se hacen al consumo, a lo desechable, a dejar para casi todo renovarlo a la velocidad de la luz, sin detenerse a apreciar lo que se tiene y hacer el mínimo intento de conservarlo.
A dios gracias que no es todo: no puedo ser irreverente con quienes realmente son leales a lo que sintieron al momento de capturar esa instantánea, al afán inmutable de conservar lo bello, lo nuestro y lo que día a día va construyendo nuestra propia historia. Esos pocos, nostálgicos y románticones, marineros del recuerdo oradores de un glamour existente sólo en la memoria, esos si, esos si que son fotógrafos. Y el resto, que es si no fotógrafos? Serán ellos...los fotógrafos intermitentes.
Pensé en que el fotógrafo se hace y existe sólo a partir de la intención de capturar y plasmar una imágen, y para definirlo prescindo del estricto sentido que le han de conferir al oficio los estéticamente profesionales o a los ases de la fotografía periodística, o esos que andan por la vida capturando bellísimas imágenes. El fotógrafo existe en cada cual, todos tenemos uno dentro y sale a la luz junto con nuestras intenciones de mantener y recordar un momento por siempre, en la conmoción que nos genera el vivir un instante inolvidable, y con ello la idea de no querer que acabe de manera fulminante. No es necesario tener una cámara para ser un fotógrafo, sólo basta el lente más moderno, me refiero a la pupila que dilata o contrae, que exclama sus emociones bañándose de lágrimas, el ojo humano es la cámara de mejor resolución, absolutamente automática, bellísima. En la intención de recordar y en la emoción por captar lo que sea es cuando se da a lugar la creación del fotógrafo, cuando surge desde lo más profundo esa sensación que nos invita a capturar el momento para retenerlo por el medio que sea, principalmente en nuestra mente.
Pero en un sentido material, y volviendo a los cientos de fotógrafos, usar la cámara representa un simple gesto que evidencia el nacimiento de nuestro fotógrafo y nostálgico preventivo que, con una certeza desbordante, asegura que extrañará el momento y que es concientemente vulnerable, asentando siempre que su mente es frágil y que olvidará más adelante lo que en ese instante parece ser inolvidable.
Y con ese gesto, con la cámara en el bolsillo, en el celular y ciento porciento disponible nos hacemos olvidadizos. Y así es como hoy, esta olvidadiza sociedad se construye contradictoriamente de fotógrafos que toman y dejan todo lo que se les presenta. Dejan, poco a poco, de existir esos románticos que guardan sus momentos en su mente, ¿para qué, si pueden recordarlo a través de un pc? El tejido de nuestra nostalgia se debilita, nos ponemos superficiales y comenzamos a botar y olvidar.
La triste realidad nos muestra que la fotografía real no existe ni ha existido en estas masas, que como máquinas se hacen al consumo, a lo desechable, a dejar para casi todo renovarlo a la velocidad de la luz, sin detenerse a apreciar lo que se tiene y hacer el mínimo intento de conservarlo.
A dios gracias que no es todo: no puedo ser irreverente con quienes realmente son leales a lo que sintieron al momento de capturar esa instantánea, al afán inmutable de conservar lo bello, lo nuestro y lo que día a día va construyendo nuestra propia historia. Esos pocos, nostálgicos y románticones, marineros del recuerdo oradores de un glamour existente sólo en la memoria, esos si, esos si que son fotógrafos. Y el resto, que es si no fotógrafos? Serán ellos...los fotógrafos intermitentes.
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