El calor y ajetreo diario se desvanecen paulatinamente. Los hogares comienzan a habitarse, mientras las oficinas cierran lentamente. Abandonan su persistencia los graves bocinazos, ya son menos, se escuchan a lo lejos. Desde las alturas el ruido de los autos se nos hace más leve, la ciudad comienza a relajarse y nosotros a detenernos. Aquí comienza nuestro tiempo, tú tiempo, el verdadero tiempo.
Entonces me despierto al oír el suave sonido de las campanas de viento que cuelgan en mi ventana. Miro, y distingo al visillo bailando un sinuoso bals con esa lenta y cálida brisa, tan propia de un primaveral atardecer. Es un baile perfecto, donde el visillo se deja llevar, yendo, y viniendo...yendo, y viniendo, lentamente. Me seduce el vaivén, y decido acercarme para sentir a través de la ventana.
Estando mis sentidos concentrados en el exterior, mis ojos se detienen en el rojizo neón del cielo que nos alumbra desde el poniente. Que rojizo, pienso, acompañando del sonido de los grillos, y de la suave brisa que ahora también baila con mi pelo. Pienso en el rojizo, y en la escena que nos clama dejar de ver el pavimento, o las luces de los semáforos en eterno movimiento. Que rojizo, que se cola entre las nubes dejando sus destellos, coloreando edificios y tiñendo los árboles de rojo.
Pienso en los motivos de estos colores tan vivos. Las ciencias más exactas culpan a las longitudes de onda de los colores que entran a la atmósfera; a la ubicación de la tierra respecto del sol; y al reflejo de esas extendidas, blancas y delgadas nubes allá arriba.
Yo pienso en la verdadera culpable, en la perfecta creación que junta la brisa con el color del cielo y el sonido de los grillos. Pienso en los estímulos del goce, en el dormitar, en el sonido de las campanas de viento, en la atracción que pretenden los grillos al cantar. Pienso además, en la necesidad inconsciente de encontrarnos cuando todo se detiene. Pienso mientras gozo, en la maravillosa activación de los sentidos contemplar una tarde, sin mas que sólo estar ahí.
Es tarde, la brisa baila sinuosamente con mi pelo y el cielo se mantiene rojizo. La ciudad está parando. Es 21 de Diciembre, es solsticio de verano, y surge la nostalgia por la primavera que se va, que hoy se tiñe de rojo...para despedirse.
