miércoles, 26 de noviembre de 2014

Riego al sur de la ciudad

Santiago es peculiar, a veces amable y muchas veces agraz. En plena primavera, el calor ya pega fuerte, y los días ya más largos concertan un toque diferente.

El atardecer santiaguino, destacado por muchos afuerinos, tiene un caracter distinto cuando se vive desde el sur de la ciudad, y más aún, cuando se siente con la chispeante frescura que se siente al regar el jardín, en plena actividad de contemplación.

Fluyen los aromas al contacto con el agua, sumado al chirrío de los grillos y ese microclima, humedo y templado, en los pavimentos al contacto con el agua fría. Todo confluye a conectarnos con el añorado descanso, al encuentro también con nosotros mismos, con esas emociones que escondidas se han mantenido durante el intenso día.

El acto de regar, más que regar, es una invitación a conectarse, a dar las gracias y también a conciliarse con esas emociones que a veces negamos querer ver.

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